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El 13 de agosto de 2021, se cumplieron 500 años de la caída de Tenochtitlán, la gran ciudad del imperio mexica, cuyo legado se mantiene vivo en tradiciones, costumbres e incluso en la gastronomía pero, ¿qué hay de los castigos? Te contamos los correctivos más crueles que los mexicas daban a los niños, a los ladrones, a las personas corruptas y hasta los hombres y mujeres que eran infieles.
Algo es seguro, ¡No tenían piedad!.
Antes de que Hernán Cortés desembarcara un 22 de abril de 1519, la sociedad de la llamada ‘Gran Tenochtitlán‘ era una de la más avanzadas de todo el mundo, y sus vestigios así lo demuestran, no solo por la increíble organización de su ciudad, con la construcción de cuatro calzadas principales que facilitarían la movilidad, sino también, por la construcción de acueductos para distribuir el agua, su arquitectura, su forma de cultivo y vivienda (chinampas), pero sobre todo algo esencial y primordial en un lugar donde la población ascendía a más de 230 mil habitantes, más grande que la mayor parte de las ciudades europeas de su época, nos referimos a: la educación.
En Mesoamérica, en la época prehispánica, especialmente para la cultura mexica, la disciplina y el buen comportamiento fueron puntos fundamentales que eran aplicados desde la infancia. Y es que la crianza de los hijos no era cosa de broma para nuestros ancestros, ya que eran un regalo de los dioses que representaba el futuro de su pueblo. Por ello, los pequeños no solo se encargaban de forjar sus cuerpos para convertirse en grandes guerreros, sino también sus mentes pero, no a todas las personas les gusta seguir las reglas.
Así lo demuestran algunos códices y escritos, que evidencian algunos crímenes como robo, corrupción, adulterio, e incluso, travesuras infantiles, los cuales eran castigados de las peores formas posibles, castigos que en su momento eran comunes, sin embargo, si esto se diera en nuestros días serían considerados como abuso infantil o un delito, debido a la dureza con la que se llevaban a cabo.
Por ello te mostramos los peores castigos que eran aplicados a niños, ladrones, corruptos e infieles en la antigua Tenochtitlán, a 500 años de su destrucción.
No sólo en las escuelas se imponía una estricta disciplina y se daban duros castigos, pues como dicen, la educación empieza desde casa. El Códice Mendoza contiene una elocuente descripción de esos castigos, incluso con indicaciones conforme a la edad.


No es de extrañarse ya que el robo y corrupción ha existido desde las primeras formas de sociedad y gobierno, y son delitos que continúan presentes aún en nuestros tiempos. Lamentablemente en México ambos delitos se han convertido en un cáncer pero, ¿Qué sería de los ladrones y corruptos si fueran castigados como lo hacían los mexicas?.
En la ‘Gran Tenochtitlán’ tenían castigos severos pero efectivos para erradicar y reducir, a números mínimos estas prácticas, pues se entendía la importancia de uno y otros para el buen funcionamiento de una sociedad, por lo que se utilizaba la expresión: “in cuitlapilli in atlapalli” (el ala, la cola), es decir, que si el dirigente es la cabeza de un ave, nunca podría volar sin la ayuda de su cola y sus alas (el pueblo).
Incluso los gobernantes, a pesar de que se les tenía gran respeto por su importancia, se le castigaba duramente pues se buscaba dar el buen ejemplo a la población.

Por siempre fiel o cuello: En el imperio mexica, el adulterio era un delito serio, en el que las mujeres eran las más severamente señaladas y castigadas.
Si algún hombre o mujer se les encontraba con el cónyuge de otra persona, no había espacio para explicaciones pues se les aplicaba la pena de muerte pública.
En caso de sólo haber sospechosas de algún amante, se sometía a la persona a una seria investigación, pues de encontrarse culpable era ejecutado.
Esto porque se consideraba un agravio al honor de los hombres, pero además se creía que generaban desequilibrios entre la comunidad y el cosmos.

¡No es broma! En esos tiempos consumir alcohol antes de los 52 años, era castigado severamente, pues no había cabida para desperdiciar el tiempo dormido o “crudo“.
Si a alguna persona se le encontraba ebrio se le castigaba públicamente con el corte rapado de su cabello, pero si volvía a incurrir en este “delito” se le castigaba con la pena de muerte.
Esto porque el alcohol se permitía sólo a los ancianos y sólo en algunas ceremonias y fiestas especiales. Debido a ello, el etnólogo Jacques Soustelle, asegura que el alcoholismo de nuestros antepasados vino después de la Conquista, por el sentimiento de pérdida, derrota y sumisión.

Cabe aclarar que por más sádicos o violentos que parezcan estos castigos, debemos de entender que han pasado ya 500 años, y su pensar era muy diferente a nuestra actualidad, además de que se regían bajo otros códigos de conducta, reglamentos y disciplina, sobre todo por ser una civilización que consideraba la guerra como estandarte y parte fundamental de su existencia.
Con información de Arqueología Mexicana e INAH
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Fuente: Es Noticia Veracruz