En las últimas horas, lonas en Oaxaca traidores comenzaron a aparecer en puntos de alta afluencia de la capital y municipios conurbados.
En ellas, simpatizantes del oficialismo y grupos afines exhiben los nombres y rostros de legisladores federales a quienes acusan de votar en contra de la reforma electoral impulsada desde Palacio Nacional.
La consigna es tan incendiaria como familiar: “traidores a la patria”. El episodio reaviva un libreto que ya habíamos visto y abre de nuevo el debate sobre los límites entre la protesta política, la desinformación y la calumnia.
¿Qué dicen las lonas y dónde aparecieron?
Las mantas colocadas en arterias viales de Oaxaca de Juárez y en municipios colindantes señalan a diputados federales con leyendas como “No olvides su cara” y “Traidores a la patria”, acompañadas de logotipos partidistas y mensajes que invitan a “pasar factura en la próxima elección”.
Si te suena a déjà vu es porque lo es: el recurso de exhibir con pendones y espectaculares a legisladores rivales se ha repetido en varias coyunturas nacionales recientes.
En Oaxaca, ya había antecedentes de campañas visuales agresivas en procesos locales —desde la retirada masiva de lonas por propaganda irregular, hasta llamados partidistas a “desenmascarar” a opositores—, por lo que la aparición de nuevas mantas no sorprende… pero sí enciende alarmas.
Aunque activistas y usuarios compartieron imágenes en redes, al cierre de esta edición ni el Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana de Oaxaca (IEEPCO) ni autoridades municipales habían informado un padrón oficial de materiales, número de ubicaciones o responsables de su financiamiento e instalación.
En todo caso, la narrativa es clara: castigar públicamente a quienes frenaron el último intento de modificación constitucional en materia electoral y mantener viva la presión callejera después del tropezón legislativo.
La reforma electoral que se atascó en San Lázaro
El telón de fondo es clave. La iniciativa presidencial para reformar la Constitución en materia electoral —presentada a finales de febrero— buscaba rediseñar el reparto de curules de representación proporcional, reducir el número de escaños en el Senado y ajustar reglas de gasto y operación de autoridades electorales.
En Oaxaca, la dirigencia estatal de Morena salió a respaldarla sin matices, mientras en la Cámara de Diputados se respiraba otro ambiente: el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM), aliados habituales del oficialismo, se sumaron a la oposición para frenar el dictamen en comisiones y en el pleno, dejando a Morena sin los votos suficientes para alcanzar la mayoría calificada.
El resultado dejó heridas abiertas. Dirigentes morenistas locales subieron el tono contra el PT —en especial en Oaxaca, donde la relación venía tensa tras la revocación de mandato del gobernador— y algunas voces en redes exigieron “pasarles la factura” a los legisladores que, a su juicio, traicionaron la agenda de reformas.
En paralelo, figuras de la 4T pidieron no usar el calificativo de “traidores” contra sus exsocios, un intento de apagar el fuego cruzado que, a juzgar por las lonas en Oaxaca, llegó tarde o con poca agua.
Más allá del intercambio partidista, hay un dato que no conviene perder de vista: este tipo de campañas visuales buscan anclar en la conversación pública un relato simple —“ellos bloquearon el cambio, nosotros defendemos la voluntad popular”—, y funcionan porque condensan emociones fuertes en pocos caracteres.
El problema es que, cuando se pasa de la crítica política a imputar delitos (“traición a la patria”), la línea legal se puede cruzar rápido.
Fuente: Grupo Es Noticia