La muerte del Papa Pío XII el 9 de octubre de 1958 marcó el fin de una era en la Iglesia Católica. Conocido por su liderazgo durante la Segunda Guerra Mundial y su férrea defensa de la autoridad papal, su fallecimiento en Castel Gandolfo fue seguido por un funeral que pretendía rendirle homenaje como figura histórica y espiritual. Sin embargo, lo que debía ser una ceremonia solemne en la Basílica de San Pedro terminó convirtiéndose en uno de los episodios más escandalosos en la historia del Vaticano.
¿Qué salió mal en el funeral del Papa Pío XII?
Todo comenzó con el proceso de embalsamamiento, encargado a su médico personal, el doctor Riccardo Galeazzi-Lisi. En lugar de seguir los procedimientos tradicionales, aplicó una técnica experimental inspirada, según él, en métodos del Antiguo Egipto. Consistía en envolver el cuerpo con compresas impregnadas en aceites y hierbas, dejándolo expuesto al aire en una cámara especial. El resultado fue catastrófico.
Lejos de preservar el cadáver, esta práctica aceleró su descomposición. En cuestión de horas, el rostro del pontífice comenzó a hincharse, su piel se volvió negra en varias zonas y un hedor insoportable invadió la sala donde se velaba el cuerpo.
Un ambiente insoportable para los fieles
A pesar del evidente deterioro del cadáver, se decidió mantener la exposición pública del papa dentro de la Basílica de San Pedro. Miles de fieles desfilaron frente a los restos, pero muchos salieron consternados. El mal olor apenas se disimulaba con incienso, y la imagen del cuerpo, con el rostro desfigurado y los músculos faciales retraídos, provocó horror entre los presentes.
El caos alcanzó su punto máximo durante la procesión hacia las grutas vaticanas, donde sería enterrado. El cuerpo, ya en avanzado estado de descomposición, sufrió un estallido interno debido a la acumulación de gases. El ataúd cerrado emitió un fuerte ruido, lo que provocó pánico y desconcierto entre los asistentes. Algunos pensaron que se trataba de una falla del catafalco, pero otros comprendieron que el cuerpo había explotado.
“Ha comenzado una furiosa sucesión de fenómenos cadavéricos transformadores: es la descomposición en vivo bajo la mirada horrorizada de los espectadores», escribió el doctor Antonio Margheriti en su libro La muerte del Papa: ritos, ceremonias y tradiciones desde la Edad Media hasta la época contemporánea.
El mismo autor relató que al paso del féretro, «tremendas bocanadas se derramaron sobre la multitud», mientras que el aspecto del papa causaba verdadero pavor: su tabique nasal se había colapsado, los músculos faciales retraídos exponían los dientes en una macabra «sonrisa».
El Vaticano encubre el incidente
Tras el estallido, las autoridades vaticanas actuaron rápidamente. El ataúd fue cubierto de inmediato y la procesión se apresuró hacia la cripta. El Papa Pío XII fue finalmente sepultado en las grutas vaticanas, pero el incidente quedó grabado en la memoria colectiva como uno de los funerales más desastrosos en la historia del papado.