El joven Esau Orueta era una persona talentosa y brillante, pero su único delito fue estar en el lugar equivocado y con las personas equivocadas.
Esaú y otros jóvenes habían acudido a un convivió en el domicilio de Marcos Alfonso, cuando sujetos fuertemente armados llegaron hasta el lugar y los agredieron a balazos a ellos dos y al parecer se llevaron a otros conocidos, cuyo paradero hasta el momento se desconoce.
Esaú era vecino de la congregación de Cuichapa perteneciente al municipio de Moloacán, pero se vino a esta ciudad a estudiar y actualmente había concluido dos carreras, una en la Universidad Veracruzana y la otra en una Universidad Privada del poniente de la ciudad.
Quienes lo conocieron, lo recuerdan como una persona muy sociable, de trato respetuoso, alegre pero muy educado, que nunca tuvo problemas con nadie y siempre fue respetuoso de los demás.
Familiares y amigos coinciden en que Esaú, fue una víctima colateral por estar en el lugar y con las personas equivocadas, pues él era un destacado profesionista que laboraba en una empresa de telefonía celular en esta ciudad en donde era ampliamente conocido y apreciado.