La detección de un brote de hantavirus en el crucero internacional MV Hondius volvió a poner bajo atención a una enfermedad poco frecuente, pero de evolución potencialmente grave. El episodio, que dejó varias muertes y activó protocolos sanitarios internacionales, reabrió el debate sobre las formas de contagio, la letalidad del virus y el riesgo de transmisión entre personas.
El hantavirus es un grupo de virus que se aloja principalmente en roedores infectados y que, al llegar al ser humano, puede causar cuadros severos. En América Latina, la manifestación más preocupante es el síndrome pulmonar por hantavirus, una forma clínica que puede derivar rápidamente en insuficiencia respiratoria y complicaciones cardiopulmonares.
La vía de contagio más habitual ocurre por inhalación de partículas contaminadas con orina, saliva o heces de roedores portadores del virus. El riesgo aumenta en espacios cerrados o mal ventilados, como galpones, depósitos, viviendas abandonadas y áreas rurales con presencia de estos animales. También puede haber infección por mordeduras, contacto con superficies contaminadas o consumo de agua y alimentos expuestos.
Especialistas advierten que ciertas tareas de limpieza pueden incrementar el peligro. Barrer en seco o remover polvo en ambientes infestados puede dispersar partículas virales en el aire, facilitando su ingreso al organismo.
Aunque en la mayoría de las variantes del hantavirus la transmisión entre humanos es inexistente o muy poco probable, la cepa Andes, presente en Sudamérica, constituye una excepción. De acuerdo con investigaciones desarrolladas en Argentina entre 2018 y 2019, se registraron brotes con contagio interpersonal en contextos familiares y sociales. Sin embargo, organismos internacionales sostienen que la posibilidad de propagación masiva sigue siendo baja, ya que este tipo de transmisión requiere contacto estrecho, prolongado y, por lo general, intercambio de fluidos o convivencia cercana.
Uno de los principales problemas para detectar la enfermedad a tiempo es que sus síntomas iniciales pueden confundirse con los de una gripe. Fiebre, dolores musculares, cefalea, escalofríos, cansancio, náuseas y vómitos suelen ser las primeras señales. En los casos más graves, el cuadro progresa con rapidez hacia dificultad respiratoria, acumulación de líquido en los pulmones e insuficiencia cardiorrespiratoria.
La mortalidad del síndrome pulmonar por hantavirus continúa siendo elevada. Según datos citados por especialistas y organismos sanitarios, la tasa puede oscilar entre el 30% y el 60%, en función de la cepa y de la rapidez con que se realice el diagnóstico y se inicie la atención médica.
Hasta el momento no existe una vacuna de uso amplio ni un tratamiento antiviral específico contra la enfermedad. Por eso, la asistencia se basa en medidas de soporte, como hidratación, control clínico intensivo y soporte respiratorio en pacientes con compromiso severo.
Frente a este escenario, la prevención sigue siendo la herramienta central. Las recomendaciones incluyen ventilar los ambientes cerrados antes de limpiarlos, evitar barrer en seco, utilizar desinfectantes, no manipular excrementos o nidos de roedores sin protección y almacenar correctamente los alimentos. Los expertos también subrayan la necesidad de reforzar el control de plagas en puertos, embarcaciones y zonas rurales para reducir la posibilidad de nuevos brotes.
Si bien el hantavirus no presenta una capacidad de expansión comparable con la de otros virus respiratorios de circulación masiva, su alta letalidad y la rapidez con la que algunos cuadros pueden agravarse lo mantienen como una amenaza relevante para la salud pública.
Fuente: Grupo Es Noticia