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Cinco mitos sobre la alimentación que alteran nuestra dieta y qué dice la ciencia al respecto

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La desinformación también ha alcanzado el mundo de la alimentación. Influencers, campañas publicitarias y gurús del bienestar difunden a diario mensajes que, aunque populares, carecen de respaldo científico y pueden modificar los hábitos de consumo de millones de personas.

Así lo señala el informe “Salud, Alimentación y Fake News”, elaborado por la Oficina Alimentaria de la consultora LLYC, en colaboración con Newtral, presentado este martes en Madrid. El documento analiza cinco mitos recurrentes en el ámbito nutricional y ofrece una visión basada en la evidencia científica.

“La narrativa popular puede distorsionar la realidad alimentaria y condicionar tanto la compra diaria como la salud pública”, advierte el estudio.

1. Las bebidas vegetales son más saludables que la leche

Uno de los bulos más difundidos en redes sociales sostiene que la leche de vaca es menos saludable que las bebidas vegetales. Sin embargo, el informe aclara que la leche es una fuente rica en proteínas de alto valor biológico, calcio, vitamina D, B12 e yodo, mientras que la mayoría de bebidas vegetales —salvo la de soja fortificada— carecen de estos nutrientes o los incorporan artificialmente.

Además, los expertos subrayan que las bebidas vegetales pueden contener azúcares añadidos y que algunas, como las de almendra o avellana, pueden causar alergias.

“Las bebidas vegetales son válidas para quienes tienen alergia, intolerancia o siguen dietas veganas, pero no son equivalentes nutricionales a la leche”, concluye el informe.

2. Lo natural es siempre más sano que lo procesado

El concepto de “natural” se ha convertido en sinónimo de “saludable”, pero se trata de una falacia simplista. No todo lo natural es bueno: hay alimentos tóxicos por naturaleza, como las setas venenosas o las almendras amargas.

Por otro lado, los alimentos procesados —como los pasteurizados, horneados o congelados— no son necesariamente dañinos. El verdadero riesgo radica en los ultraprocesados, ricos en grasas, azúcares y sal, que sí se asocian con enfermedades metabólicas.

3. El azúcar es un veneno

Otro de los grandes mitos contemporáneos es considerar el azúcar como una sustancia tóxica. La evidencia científica distingue entre azúcares intrínsecos (presentes en frutas, verduras y lácteos) y azúcares libres o añadidos, estos últimos sí perjudiciales cuando se consumen en exceso.

El informe aclara que el azúcar no es un veneno en sí mismo, pero puede activar los circuitos de recompensa del cerebro y fomentar comportamientos similares a la adicción.

“No es el azúcar en sí, sino su abuso en productos ultraprocesados lo que genera riesgo para la salud”, señala el documento.

4. Las proteínas vegetales son mejores que la carne roja

Aunque un consumo elevado de carne roja se ha vinculado a enfermedades cardiovasculares, esto no significa que las proteínas vegetales sean intrínsecamente superiores.

La carne roja, consumida con moderación, aporta proteínas completas, hierro hemo, vitamina B12 y compuestos bioactivos que favorecen la salud. En cambio, las proteínas vegetales deben combinarse adecuadamente (por ejemplo, legumbres con cereales) para lograr un perfil de aminoácidos completo.

5. Todos los aditivos son peligrosos

El miedo a los aditivos es otro ejemplo de desinformación alimentaria. El informe aclara que los aditivos están rigurosamente controlados por las autoridades sanitarias y que, si alguno supone un riesgo, se retira del mercado —como ocurrió recientemente con ciertos aromas de humo evaluados por la Comisión Europea.

Lejos de ser peligrosos, muchos aditivos evitan intoxicaciones, retrasan la oxidación y mejoran la conservación de los alimentos. El verdadero peligro, reitera el informe, está en el consumo excesivo de ultraprocesados, no en los aditivos regulados.

la evidencia científica, clave para una dieta saludable

El estudio de LLYC y Newtral subraya que los bulos alimentarios no solo modifican la percepción de los alimentos, sino que pueden alterar la dieta colectiva y las decisiones de compra.

“Combatir la desinformación alimentaria es una tarea de salud pública. La ciencia debe ser el punto de partida, no las redes sociales”, concluye el informe.

En tiempos donde los likes pesan más que la evidencia, los expertos insisten en verificar fuentes, consultar profesionales y desconfiar de los gurús nutricionales que prometen soluciones milagrosas.

Fuente: Grupo Es Noticia

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