El Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) enfrenta un problema estructural alarmante: se está hundiendo a un ritmo más acelerado que el cancelado Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM). De acuerdo con estudios recientes de geólogos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el terreno donde se asienta el AICM presenta hundimientos de entre 10 y 40 centímetros por año, dependiendo del área, lo que representa un grave riesgo para su operación.
Durante años, el NAIM concibieron como la solución definitiva a la saturación aérea del Valle de México. Sin embargo, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador lo canceló en 2018, argumentando motivos ambientales, posibles actos de corrupción —nunca comprobados— y los resultados de una consulta ciudadana.
Esta decisión, defendida como un acto de austeridad, fue duramente cuestionada con el paso del tiempo.
Expertos en geotecnia afirman que el AICM, construido sobre un antiguo lago, está ubicado en una zona de alta vulnerabilidad geológica. Los suelos arcillosos y blandos que lo sustentan están perdiendo agua y compactándose, provocando hundimientos diferenciales que dañan pistas, calles de rodaje y estructuras.
En contraste, planearon el NAIM con tecnología de punta para mitigar estos efectos, incluyendo cimentaciones profundas y sistemas de monitoreo continuo del subsuelo. Según datos técnicos, su hundimiento proyectado era considerablemente menor al del AICM.
Hoy, en pleno 2025, la decisión de cancelar el NAIM se ve cada vez más insostenible desde una perspectiva técnica y operativa. Mientras tanto, el AICM continúa operando bajo condiciones críticas que ponen en entredicho la seguridad y viabilidad de uno de los aeropuertos más transitados de América Latina.
Fuente: Grupo Es Noticia