Todos los virus cambian con el paso del tiempo, y también lo hace el SARS-CoV-2, el virus causante de la Covid-19. La mayoría de los cambios tienen escaso o nulo efecto sobre las propiedades del virus.
Sin embargo, algunos cambios pueden influir sobre algunas de ellas, como por ejemplo su facilidad de propagación, la gravedad de la enfermedad asociada o la eficacia de las vacunas, los medicamentos para el tratamiento, los medios de diagnóstico u otras medidas de salud pública y social.
Con el fin de priorizar el seguimiento y la investigación a escala mundial y, en última instancia, orientar la respuesta a la pandemia de COVID-19, la OMS divide a las variantes en dos tipos:
Variantes preocupantes
Se definen así aquellas cepas que estén asociada a uno o más de los siguientes cambios en un grado que resulte significativo para la salud pública mundial:
- Aumento de la transmisibilidad o cambio perjudicial en la epidemiología de la COVID-19;
- Aumento de la virulencia o cambio en la presentación clínica de la enfermedad; o
- Disminución de la eficacia de las medidas sociales y de salud pública o de los medios de diagnóstico, las vacunas y los tratamientos disponibles.
En esta clasificación entrarían las denominadas Alfa, Beta, Gamma y Delta.
Variantes de interés
Un aislado de SARS-CoV-2 es una variante de interés (VOI) si, en comparación con un aislado de referencia, su genoma tiene mutaciones con implicaciones fenotípicas establecidas o presuntas, y o bien:
- Ha sido identificada como causa de transmisión comunitaria o de múltiples casos/grupos de COVID-19, o ha sido detectada en múltiples países; o
- La OMS, en consulta con el Grupo de trabajo de la OMS sobre la evolución del virus SARS-CoV-2, ha determinado que se trata de una VOI.
Fuente: Agencias