El poema de 1964 vuelve sobre el reencuentro de Ulises y Penélope y deja abierta una pregunta sobre el hombre que regresa a Ítaca.
Jorge Luis Borges volvió a leer La Odisea desde uno de sus momentos más íntimos: el reencuentro de Ulises y Penélope después de veinte años. En “Odisea, libro vigésimo tercero”, escrito en 1964 e incluido en El Otro, el Mismo, el autor argentino convierte el regreso del héroe a Ítaca en una reflexión sobre la identidad, el tiempo y la imposibilidad de borrar del todo al hombre que sobrevivió al destierro.
El poema parte del final de la violencia. “Ya la espada de hierro ha ejecutado / la debida labor de la venganza”, escribe Borges, para luego avanzar hacia la escena del lecho compartido y cerrar con una duda que permanece abierta: “pero ¿dónde está aquel hombre / que en los días y noches del destierro / erraba por el mundo como un perro / y decía que Nadie era su nombre?”.
La lectura de Borges cobra nueva fuerza en el contexto de la versión más reciente de la historia, La Odisea de Christopher Nolan, estrenada en julio de 2026 con Matt Damon en el papel principal. En esa adaptación, Odiseo arrastra una culpa que no le fue impuesta por los dioses, sino que él mismo construyó: el caballo de madera concebido para infiltrarse en Troya fue, en su propia conciencia, una violación de la xenia, la ley sagrada de hospitalidad de Zeus.
Según la nota original, esa traición lo persigue durante una década de vagabundeo, con pesadillas, vergüenza e incapacidad para volver a casa. Disfrazado de mendigo ante Penélope, le susurra: “¿Qué pasaría si el Odiseo que conociste perdió el rumbo?”. Ese instante de reconocimiento, que Borges eligió como centro de su poema, está a punto de ocurrir.
El regreso que no borra el destierro
En el texto homérico, y también en la relectura de Borges, el retorno no resuelve por completo la experiencia del exilio. Ulises vuelve a su reino y a su reina, pero el poema sugiere que el regreso al hogar y al amor no cancela al hombre que durante años no tuvo nombre. Debajo del rey que abraza a Penélope sigue existiendo el desterrado que aprendió a sobrevivir como nadie.
La nota original subraya que Borges se detiene precisamente en ese punto: en el único momento del poema homérico en que la épica cede paso a algo más íntimo, cuando dos personas que se amaron con intensidad deben reconocerse de nuevo después de dos décadas. El autor argentino no celebra solo la victoria ni la restauración del orden, sino la tensión entre lo que se recupera y lo que ya no puede deshacerse.
La imagen de Ulises “como un perro” durante el destierro resume esa fractura interior. El héroe regresa, pero no regresa intacto. Borges deja abierta la pregunta sobre si el rey que vuelve a Ítaca puede dejar atrás al hombre que fue obligado a ser nadie para seguir viviendo.
El poema completo de Borges
«Odisea», Libro Vigésimo Tercero, por Jorge Luis Borges
Ya la espada de hierro ha ejecutado
la debida labor de la venganza;
ya los ásperos dardos y la lanza
la sangre del perverso han prodigado.
A despecho de un dios y de sus mares
a su reino y su reina ha vuelto Ulises,
a despecho de un dios y de los grises
vientos y del estrépito de Ares.
Ya en el amor del compartido lecho
duerme la clara reina sobre el pecho
de su rey pero ¿dónde está aquel hombre
que en los días y noches del destierro
erraba por el mundo como un perro
y decía que Nadie era su nombre?
En El Otro, el Mismo (1964)
La vigencia del poema de Borges radica en que desplaza la atención del triunfo exterior a la herida interior. La guerra terminó, la venganza se consumó y el hogar fue recuperado, pero el sujeto que atravesó la violencia y el exilio ya no es exactamente el mismo. Esa es la pregunta que el poema deja suspendida y que mantiene viva, siglos después, la potencia de La Odisea.
The post Borges y La Odisea: la herida del regreso de Ulises appeared first on Es Noticia México.
Fuente: Grupo Es Noticia