Expertos advierten que no existe una cantidad segura y que su impacto va mucho más allá del hígado.
El alcohol contribuye a millones de muertes en todo el mundo cada año y está relacionado con el cáncer, enfermedades hepáticas, accidentes no intencionados, violencia y adicción, pese a seguir profundamente integrado en la vida social y cultural.
La nota original, firmada por Emma Fenske/The Conversation, subraya que pocas sustancias están tan arraigadas en la vida cotidiana como el alcohol. Su presencia es habitual en celebraciones festivas, reuniones sociales de trabajo, eventos deportivos, aeropuertos y mesas de brunch o cena. Un brindis, la barra libre en bodas o las bebidas compartidas durante el 4 de julio muestran hasta qué punto se ha normalizado.
Una sustancia extendida en todo el mundo
Según el texto, aunque los patrones de consumo varían entre países, se estima que 2,300 millones de personas en el mundo consumen alcohol. La autora recuerda que, a pesar de sus riesgos ampliamente documentados, sigue siendo parte de la vida social global.
Como médico especializado en medicina de adicciones, señala, atiende regularmente a pacientes cuyo consumo de alcohol afecta a casi todos los sistemas orgánicos. Muchos no dimensionan el impacto del alcohol más allá del hígado hasta que son hospitalizados.
No existe una cantidad “segura”
El artículo advierte que nuevas evidencias cuestionan la idea de un consumo “seguro”. Incluso el consumo moderado conlleva riesgos y no es tan inofensivo como se creía, incluso entre expertos.
Muchas personas asocian el alcohol principalmente con la adicción o con problemas legales como conducir bajo sus efectos. Sin embargo, sus consecuencias van mucho más allá y afectan prácticamente todos los aspectos del bienestar.
Si bien puede mejorar temporalmente el estado de ánimo y aliviar la ansiedad social, su consumo prolongado puede empeorar el estado de ánimo, la cognición y el sueño, lo que a su vez puede agravar el consumo.
Una revisión bibliográfica de 2021 reveló que consumir aproximadamente dos bebidas estándar duplica la probabilidad de sufrir lesiones, tanto en accidentes de tráfico como en otros tipos de accidentes. También encontró que el consumo excesivo en episodios puntuales puede aumentar el riesgo de lesiones entre 20 y 50 veces, dependiendo de la cantidad ingerida y del tipo de lesión.
Además de los efectos en el hígado, el texto precisa que el alcohol también puede provocar complicaciones gastrointestinales y enfermedades cardíacas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que 2.6 millones de muertes anuales son atribuibles al alcohol, lo que representa casi 1 de cada 20 muertes en el mundo.
Alcohol y cáncer: una relación subestimada
La autora expone que, aunque muchas personas reconocen los riesgos de adicción, suele desconocerse la relación entre el alcohol y el cáncer. La OMS clasifica al alcohol como carcinógeno del Grupo 1, la misma categoría que el tabaco y el asbesto.
En 2025, una recomendación del Cirujano General de Estados Unidos enfatizó que el alcohol aumenta el riesgo de al menos siete tipos de cáncer y pidió actualizar las etiquetas de advertencia. La conclusión fue que eleva el riesgo de cáncer de mama, colorrectal, hígado, boca, esófago y laringe.
Sin embargo, menos de la mitad de los estadounidenses reconocen el alcohol como factor de riesgo de cáncer, particularmente en casos como el de mama, que no suelen asociarse con su consumo.
El artículo también explica que la relación entre alcohol y cáncer es compleja. En la década de 1990 y principios de los 2000, estudios observacionales sugirieron beneficios cardiovasculares del consumo moderado. No obstante, investigaciones más recientes y de mejor calidad han cuestionado esos hallazgos y apuntan a que el supuesto beneficio podría responder a diferencias en salud y estilo de vida entre bebedores moderados, más que a un efecto protector del alcohol.
De acuerdo con las Guías Alimentarias para los Estadounidenses, la evidencia actual sugiere cada vez más que incluso niveles bajos de alcohol pueden aumentar el riesgo de cáncer. Las guías reconocen que los adultos deberían “consumir menos alcohol para una mejor salud en general”.
Sin embargo, la versión 2025-2030, actualizada en enero de 2026, eliminó la recomendación previa de limitar el consumo a no más de una bebida al día para las mujeres y dos para los hombres, además de omitir la discusión explícita sobre la relación del alcohol con el cáncer.
Estos cambios generaron críticas de expertos en salud pública, que consideran que la redacción revisada minimiza la evidencia de los daños relacionados con el alcohol y ofrece una orientación menos específica. En ese contexto, el Dr. Mehmet Oz, administrador de los Centros de Servicios de Medicare y Medicaid, describió el alcohol como un “facilitador social” que une a las personas, en lugar de destacar sus riesgos para la salud.
La autora sostiene que, aunque esto puede ser cierto desde el punto de vista fisiológico, al menos de forma temporal, también oculta que depender del alcohol como facilitador social puede generar dependencia química y psicológica. En su opinión, este tipo de afirmaciones prioriza efectos sociales de corto plazo sobre problemas más insidiosos y de largo plazo, como la adicción.
Un cambio cultural de largo aliento
El texto concluye que, aunque muchas sustancias psicoactivas peligrosas permanecen ocultas a la percepción pública, el alcohol suele ocupar un lugar central y no hay señales de que eso cambie pronto. También advierte que grandes empresas se benefician con frecuencia de anuncios dirigidos a jóvenes.
Como referencia histórica, compara la evolución del tabaquismo en Estados Unidos: en 1965 fumaba el 42.4% de la población y en 2022 la cifra cayó a 11.6%. Esa disminución no ocurrió por una sola medida, sino por décadas de evidencia científica, educación pública, etiquetas de advertencia, restricciones a la publicidad, políticas antitabaco, mayores impuestos y cambios en las normas sociales.
Según la autora, ese proceso transformó al tabaquismo de una conducta socialmente aceptada a una reconocida como grave riesgo para la salud y, por tanto, menos tolerada socialmente. Aunque el consumo de alcohol disminuyó ligeramente en los últimos años, sigue profundamente arraigado en la vida social.
La nota cierra con una reflexión: la gente suele asumir que si una sustancia es legal, común y ampliamente aceptada socialmente, entonces también debe ser segura. Sin embargo, la historia de la salud pública sugiere que esas suposiciones pueden y deben cambiar.
Emma Fenske es becaria de Medicina de Adicciones y médica internista en la Universidad de Salud y Ciencias de Oregón.
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Fuente: Grupo Es Noticia