El informe de desaparecidos Sheinbaum por fin llegó y dejó más preguntas que certezas. Según el Gobierno, de las 132,534 personas en el registro, el 31% habría tenido “actividad posterior” al reporte —movimientos bancarios, vacunas, trámites civiles—, lo que, dicen, recorta el universo real de búsqueda. Aun así, el informe de desaparecidos Sheinbaum abre un choque frontal con colectivos y fiscalías: ¿cuántos casos son depuración técnica y cuántos, simple maquillaje?
Las claves: qué sí dice el gobierno
La presentación encabezada por la Secretaría de Gobernación y el SESNSP detalla tres movimientos clave: 1) cruce masivo de datos para detectar indicios de vida; 2) identificación de registros históricos —unos miles asociados a la “guerra sucia”— y 3) creación de una nueva base que jalone los casos directamente de las carpetas de investigación estatales para evitar duplicados y fichas con datos incompletos. La promesa: enfocar esfuerzos en los expedientes activos y priorizar búsquedas con evidencias verificables.
Las contradicciones: dónde truena el discurso
Aquí es donde el relato oficial patina. Primero, “actividad posterior” no prueba localización: colectivos advierten que puede haber suplantación de identidad, trámites de terceros o simples errores de cruce. Segundo, la apuesta por contar solo los casos con carpeta de investigación pone bajo la lupa a fiscalías que históricamente han sido omisas: si no abren carpeta, ¿ese ausente deja de existir en el sistema? Tercero, el gobierno admite que la plataforma pública tiene fallas y que el registro arrastra inconsistencias; pero, mientras se corrige, la cifra pública cambia de sentido sin auditorías independientes visibles.
La pregunta que importa
Más allá de la aritmética, la crisis persiste: miles de familias siguen buscando. El gobierno ofrece una base “más limpia” y herramientas nuevas (CURP, cruces forenses, sistemas unificados), pero la legitimidad de esa limpieza depende de algo simple y difícil: transparencia con datos abiertos, verificación externa y participación real de las víctimas. Hasta que eso no ocurra, las claves del informe convivirán con sus choques, y la pregunta de siempre seguirá ahí, golpeando la puerta: ¿dónde están?
Fuente: Grupo Es Noticia