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‘Ni Venganza ni Perdón’: 6 figuras de la 4T señaladas por Scherer

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En ‘Ni venganza ni perdón’, el exconsejero jurídico de la presidencia Julio Scherer Ibarra pone sobre la mesa un recuento sin filtros de lo que califica como vendettas, manipulación e ineficiencia en el círculo más cercano al proyecto de la 4T. A lo largo de sus páginas, Scherer describe con lujo de detalle a seis personajes que, a su juicio, abusaron de la confianza presidencial o se valieron del poder para fines personales.

Nos adentramos en las acusaciones y hacemos un repaso de los personajes acusados por Scherer, desentrañando los señalamientos clave y su posible impacto político. La lista incluye desde el actual embajador en Reino Unido hasta senadores y exfuncionarios de primer nivel, todos señalados por prácticas que, según el autor, lastimaron la imagen y eficacia del gobierno de AMLO.

1. Alejandro Gertz Manero

Alejandro Gertz Manero, señalado por Scherer como el principal «villano» de la trama, es retratado como un fiscal que, en lugar de impartir justicia de manera imparcial, habría utilizado la Fiscalía General de la República (FGR) para ajustar cuentas personales y practicar extorsiones políticas. Según el exconsejero jurídico, el nombramiento de Gertz en la FGR, lejos de ser una decisión técnica, obedeció a un acuerdo oculto que él mismo medió, pero que terminó por avergonzarlo. Scherer relata que, tras una ruptura violenta entre ambos, Gertz ofreció criterios de oportunidad al abogado Juan Collado a cambio de denunciarlo, y que esa maniobra buscaba desprestigiar al consejero y, de paso, debilitar al proyecto de la 4T.

La chispa estalló cuando Gertz acusó a Scherer de orquestar una campaña mediática contra él a través de la revista Proceso. Para zanjar el conflicto, Scherer organizó una reunión con el director de Proceso, Jorge Carrasco, poniendo de relieve su ausencia de injerencia en la línea editorial. Sin embargo, Gertz respondió con una amenaza directa: “Mire, Julio, usted tenía una opción: podía optar por tener fiscal amigo o tener fiscal enemigo, y usted optó”.

2. Jesús Ramírez Cuevas

Jesús Ramírez Cuevas, exvocero presidencial de AMLO y hoy coordinador de asesores de la presidenta Claudia Sheinbaum, encabeza la lista de los personajes acusados por Scherer de manipular la comunicación oficial con fines partidistas. El exconsejero describe a Ramírez como el operador de un “grupo radical” que cercó al presidente, filtrando información sesgada y configurando las conferencias mañaneras para atacar adversarios personales del círculo rojo.

Una de las imputaciones más explosivas es la supuesta relación entre Ramírez y Sergio Carmona, apodado el “Rey del Huachicol”. Scherer asegura que Ramírez facilitó encuentros secretos entre Carmona y altos mandos de Palacio Nacional para destinar recursos al financiamiento de campañas locales. Aunque no existen procesos judiciales en México que respalden esta versión, Scherer alude a documentos reservados y cortes en Estados Unidos donde el nombre de Ramírez aparece vinculado a investigaciones de lavado de dinero .

3. Manuel Bartlett

Manuel Bartlett, exdirector de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), es acusado de provocar el estancamiento del sector energético por razones ideológicas. Scherer sostiene que Bartlett engañó al presidente acerca de la capacidad y el estado real de la CFE, espantando la inversión privada y dejando un déficit estructural. Se mencionan dos casos emblemáticos: la negociación de la planta de Chicoasén, donde México perdió 300 millones de dólares en arbitraje, y las disputas con empresas gasísticas que casi derivan en crisis diplomáticas.

El libro rememora también un episodio de amenaza contra Julio Scherer García, padre de Julio Scherer Ibarra, por parte de Bartlett en sus tiempos como senador, lo que marcó el inicio de una animadversión personal que trascendió la política e influyó en la relación profesional entre Bartlett y la presidencia.

4. Hugo López-Gatell

El subsecretario de Salud durante la pandemia de Covid-19 es el cuarto de los personajes acusados por Scherer de imponer criterios políticos sobre las recomendaciones científicas. Según el exconsejero, López-Gatell controló arbitrariamente la Cofepris y retrasó autorizaciones clave para laboratorios que podían acelerar pruebas y tratamientos, provocando un sistema de ineficiencia que, en su opinión, costó miles de vidas evitables.

Scherer describe cómo las prioridades de la Secretaría de Salud se subordinaron a la necesidad de mostrar un manejo “ordenado” de la crisis, lo que derivó en restricciones prolongadas, escasez de insumos y falta de coordinación con organismos internacionales. El exconsejero advierte que esos errores no sólo frenaron la batalla contra el virus, sino que contribuyeron a un deterioro en la confianza ciudadana hacia las instituciones sanitarias en plena emergencia.

5. Olga Sánchez Cordero

La exsecretaria de Gobernación es retratada por Scherer como parte de un grupo que buscó desacreditarlo tras su salida de la Consejería Jurídica. Scherer narra que Sánchez Cordero entregó al presidente una lista de supuestos conflictos de interés de su autoría, calificándolos de “chismes” al presentarlos. También apunta un desacuerdo en la definición de la presidencia de la Suprema Corte, donde Sánchez Cordero impulsaba a otro candidato al tribunal supremo en contra de la preferencia de Scherer.

6. Adán Augusto López Hernández

Por último, el senador Adán Augusto López Hernández es señalado de ejercer una gestión ruda e ineficiente en la Secretaría de Gobernación, con prácticas que llegaron a omitir permisos ambientales y a desechar controles administrativos en Tabasco. Scherer asegura que López Hernández promovió iniciativas para adjudicar obras federales sin licitación y que su política de “mano dura” deterioró la interlocución con el Poder Judicial y fomentó conflictos internos graves.

El exconsejero rememora una invitación a café que López Hernández le hizo al salir del gobierno, en la cual éste le advirtió de futuras represalias: “Ahora que me fui, me iban a cargar todas las pulgas”. Para Scherer, esa frase sintetiza la lógica de vendetta que permeó las altas esferas del poder durante el sexenio.

El libro ‘Ni venganza ni perdón’ expone grietas profundas en el proyecto político de la 4T, al tiempo que plantea cuestionamientos sobre la convivencia entre lealtad y poder en el círculo presidencial. Los personajes acusados por Scherer no sólo enfrentan señalamientos de abusos y manipulaciones, sino que, en algunos casos, han rechazado públicamente las imputaciones calificándolas de infundios o campañas de difamación. Sea cual sea la versión que termine prevaleciendo, estas revelaciones prometen reavivar el debate sobre los límites éticos del servicio público y la rendición de cuentas en el México contemporáneo.

Fuente: Grupo Es Noticia

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