“Tengo una Dyson, me peino en mi casa, y no tengo nada que ver con la película que se montaron”, sentenció la senadora de Morena Andrea Chávez Treviño al desmentir los señalamientos de que ella habría habilitado un salón de belleza en el Senado de la República.
Con un mensaje claro y directo en su cuenta de X, la legisladora puso fin a una polémica que cobró relevancia nacional en cuestión de horas.
Antecedentes de la controversia
El pasado 4 de febrero de 2026, diversos medios de comunicación dieron a conocer un video en el que se mostraba un espacio acondicionado al interior del Senado como un mini salón de belleza: dos espejos, sillones negros, un lavacabeza y varios insumos estéticos a cargo del personal de la Cámara Alta. La nota, difundida primero por Reforma, sugería que Andrea Chávez era la impulsora de este servicio exclusivo para legisladoras y trabajadores del recinto. Las imágenes mostraban a la senadora Juanita Guerra Mena –del PVEM– recibiendo un tinte en pleno Recinto Legislativo, lo que encendió las alarmas sobre un posible uso indebido de recursos públicos.
La respuesta de Andrea Chávez
Publicación en X
En punto de las 16:56 horas del mismo 4 de febrero, Chávez replicó la publicación de Reforma en su cuenta oficial de X y exigió una rectificación inmediata. En su mensaje, la senadora afirmó textualmente que ni ella habilitó el salón, ni aparece en las fotografías, ni utiliza servicios de peinado en el Senado. “Si tienen decencia, rectifiquen”, sentenció. Con ello, reiteró que “tengo una Dyson, me peino en mi casa”.
Argumentos y matices
Más allá de desmentir su vinculación, Andrea Chávez aclaró que el espacio existe desde hace más de un año, opera únicamente los días de sesión de la Cámara alta y el servicio es cobrado a quienes lo usan; es decir, no se financia con presupuesto directo de los contribuyentes. Subrayó que el personal que ofrece el servicio es contratado de manera independiente y que varias legisladoras residentes en otros estados recurren a él por logística y conveniencia.
Contexto de austeridad republicana
La controversia llega en un momento muy sensible para el Poder Legislativo, que ha promovido un discurso de austeridad republicana desde el inicio de la 65 Legislatura. La presidenta de la Mesa Directiva, Laura Itzel Castillo, salió en defensa del espacio, asegurando que es un servicio equivalente al que existe en San Lázaro y que no representa un gasto extraordinario. Sin embargo, la rapidez con que fue clausurado tras la exposición pública demuestra la fragilidad del discurso de austeridad frente a la opinión ciudadana y la fiscalización mediática.
Reacciones en redes sociales
El hashtag #DysonDelBienestar comenzó a ganar tracción minutos después del tuit de la senadora. Usuarios de X y TikTok cuestionaron el precio del secador —entre 15,000 y 20,000 pesos— y la contradicción entre el discurso de austeridad y la existencia de un servicio privado al interior del Senado. Algunos memes compararon la situación con el programa “Bienestar” del gobierno federal, mientras que otros acusaron a Reforma de “sensacionalismo político”.
Análisis político
El episodio pone en jaque a Morena en el Senado en un momento clave: varias bancadas de oposición han aprovechado la situación para pedir mayor transparencia y auditorías exhaustivas en las partidas de gastos de la Cámara. El Partido Acción Nacional (PAN) ya anunció que promoverá una revisión del presupuesto destinado al equipamiento y remodelación de las oficinas legislativas, mientras que Movimiento Ciudadano exige reformas para limitar el uso de áreas comunes con fines privados.
¿Qué sigue para Andrea Chávez?
La senadora anunció que, pese a la polémica, mantendrá su agenda legislativa enfocada en temas de juventud y deporte, áreas en las que ha impulsado iniciativas como el programa de becas deportivas y la regulación de los eSports en México. Hasta ahora, Chávez no ha adelantado si emprenderá acciones legales contra Reforma por difamación, aunque su llamado a “rectificar” implica una posible demanda por daños y perjuicios.
Conclusión
La frase de Andrea Chávez, “tengo una Dyson, me peino en mi casa”, se convirtió en el elemento central de una controversia que desnuda las tensiones entre el discurso de austeridad republicana y las prácticas internas del Legislativo. Más allá de la anécdota, el caso abre el debate sobre la rendición de cuentas, el uso de recursos públicos y el alcance de la fiscalización ciudadana en la vida parlamentaria.
Fuente: Grupo Es Noticia