La iniciativa de reforma electoral que perfila el gobierno de Claudia Sheinbaum no sólo ha generado resistencias en la oposición. También amenaza con abrir una grieta al interior de la alianza oficialista.
El PT y el Partido Verde han fijado líneas rojas que, de no respetarse, los llevarían a no acompañar el proyecto en el Congreso.
¿Se acabó el apoyo a la presidenta?
Ambos partidos coinciden en dos puntos irreductibles: mantener las diputaciones plurinominales y evitar un recorte severo al financiamiento público.
Para estas fuerzas, consideradas aliadas estratégicas pero con menor músculo electoral que Morena, los cambios propuestos representan un riesgo estructural.
La reducción de plurinominales, y su eliminación en el Senado, limitaría su acceso a espacios de representación, mientras que la disminución de hasta 50% en las prerrogativas impactaría de forma desproporcionada a los partidos con menor votación.
Desde el PVEM, dirigentes han advertido que un recorte al presupuesto, tal como está planteado, no afecta “parejo” y podría dejar a los partidos pequeños en condiciones de desventaja frente a Morena.
Por ello, han planteado como alternativa una redistribución igualitaria del financiamiento, aun aceptando ajustes, siempre que no comprometan su operación política.
El panorama para la aprobación se complica
En Morena, el diagnóstico es claro: sin PT y Verde no hay reforma constitucional posible. De ahí que, aunque la propuesta original provenga de la Comisión Presidencial, el mensaje interno sea privilegiar la unidad rumbo a las elecciones de 2027, incluso si eso implica modificar o pausar la iniciativa.
Más que un desacuerdo técnico, la resistencia del PT y el PVEM refleja una disputa por el equilibrio dentro de la coalición gobernante. La reforma electoral, lejos de ser sólo un ajuste institucional, ha puesto sobre la mesa una pregunta clave para el oficialismo: hasta dónde puede avanzar el proyecto sin debilitar a sus propios aliados.
Fuente: Grupo Es Noticia