Por momentos, la llamada nueva administración municipal parece empeñada en repetir viejas prácticas que tanto daño han hecho a la vida pública local. Cambian los nombres, pero no las formas. Y eso, para una ciudadanía cansada de improvisaciones, resulta especialmente preocupante.
En los pasillos del ayuntamiento —y en el comentario recurrente entre trabajadores y actores políticos— comienza a escucharse el nombre de Luis Ernesto Nava Leal como posible próximo director municipal de Salud. De acuerdo con los trascendidos, se trata de un licenciado en naturopatía y quiropráctico, sin experiencia comprobable en la administración pública ni en la gestión de políticas de salud municipal.
Hasta ahora, es importante subrayarlo, no existe un nombramiento oficial. Sin embargo, el simple hecho de que el rumor tenga fuerza revela un problema de fondo: la percepción de que los cargos se estarían repartiendo por amiguismo y no por perfil, capacidad técnica o trayectoria.
La Dirección Municipal de Salud no es un espacio menor ni decorativo. Implica coordinación con instancias estatales y federales, manejo de programas preventivos, campañas epidemiológicas, atención a emergencias sanitarias y una comprensión clara del sistema de salud pública. Improvisar en esa área no solo es irresponsable: puede tener consecuencias directas en la vida y el bienestar de la población.
Lo preocupante es que este no sería un caso aislado, sino parte de una tendencia. Siguen las ocurrencias, los movimientos sin sustento técnico y las decisiones que parecen tomadas más por cercanía personal que por un verdadero análisis administrativo. A semanas de haber iniciado funciones, la administración no ha logrado presentar un plan de trabajo sólido, claro y medible.
Hasta ahora, lo único que se ha mostrado es desorden, falta de rumbo y una alarmante incapacidad para comunicar hacia dónde se pretende llevar al municipio. Gobernar no es improvisar, ni pagar favores; gobernar exige preparación, visión y responsabilidad.
Si estos rumores se confirman, la autoridad deberá asumir el costo político y social. Y si no se confirman, también tiene una obligación: salir a aclarar, transparentar y explicar los criterios con los que se están evaluando los perfiles para ocupar cargos clave.
La ciudadanía no votó por más de lo mismo. Votó —o al menos esperaba— un cambio real. El tiempo corre, y la paciencia social es limitada.
Fuente: Grupo Es Noticia Veracruz