Poza Rica se cae a pedazos.
No es una metáfora: es una realidad que se pisa todos los días. La ciudad vive entre montañas de basura, calles destrozadas que parecen cráteres lunares y drenajes colapsados que brotan como recordatorio constante del abandono institucional.
El desastre urbano se ha normalizado. La basura invade colonias, avenidas y espacios públicos sin que exista una estrategia clara y efectiva para contenerla. Los baches ya no son fallas aisladas: son heridas abiertas que dañan vehículos, economía y paciencia ciudadana.
Mientras tanto, el tan anunciado embellecimiento del centro de la ciudad quedó reducido a una promesa más, guardada en la memoria —o en el discurso— de quienes gobernaron. La realidad es otra: banquetas deterioradas, vialidades rotas y una imagen urbana que refleja desorden y quiebra.
Y la pregunta inevitable resuena con fuerza en cada rincón de Poza Rica:
¿Dónde están los recursos que recibió el Ayuntamiento? Porque hoy, el H. Ayuntamiento parece estar en quiebra total, incapaz de responder a las necesidades básicas de la población. No hay dinero para servicios, no hay capacidad de reacción y no hay explicaciones claras. Solo hay silencio.
Ante este panorama, el pueblo exige una auditoría minuciosa y transparente, con resultados inmediatos. Distintas voces —ciudadanos, sectores productivos, líderes sociales— se levantan para pedir cuentas claras, para exigir que mes con mes y año con año se explique en qué se gastó el dinero de los pozarricenses.
La ciudad no pide milagros, pide respuestas. No exige discursos, exige resultados.
Y hoy, una nueva interrogante se suma al reclamo colectivo:
¿Hará algo la nueva alcaldesa para poner orden, aclarar el pasado y rescatar a Poza Rica del abandono?
La crisis ya está aquí. Ignorarla no es opción.
Fuente: Grupo Es Noticia Veracruz