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Adolescentes y redes sociales: entre la comparación, la ansiedad y la pérdida de libertad

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El uso excesivo de pantallas en adolescentes se ha convertido en una de las preocupaciones más recurrentes para padres y docentes. Estudios internacionales muestran que la sobreexposición a redes sociales, videojuegos y teléfonos móviles no solo genera conductas adictivas, sino también riesgos de salud física y mental.

Un informe de JAMA Pediatrics reveló que cerca de la mitad de los jóvenes presenta patrones de uso problemático de dispositivos, mientras que una investigación danesa publicada en la Journal of the American Heart Association vincula estas conductas con riesgos cardiometabólicos.

En América Latina, el informe Kids Online Argentina 2025 de UNICEF y UNESCO confirmó que el 95% de niños y adolescentes ya accede a internet a través de celulares desde los 9 años, pasando gran parte de su tiempo conectados.

“Querido adolescente, no es tu culpa”: un llamado urgente

La comunicadora y activista Soledad Gutiérrez Eguía, autora del libro Querido adolescente, no es tu culpa, analiza los efectos de la dependencia tecnológica en jóvenes de distintas realidades socioeconómicas.

Entre los principales riesgos que identificó se encuentran:

  • Adicción a la dopamina.
  • Trastornos de atención y apatía.
  • Depresión, tristeza y autolesiones.
  • Ludopatía digital y adicción a la pornografía.
  • Grooming, ciberacoso y trastornos alimentarios.

“Los algoritmos están diseñados para captar la atención y mantenerla. Cada like, cada seguidor, libera dopamina en el cerebro. No es malo en sí mismo, pero el exceso genera adicción. Y cuando se pierde el disfrute de lo verdadero, lo que se pierde es la libertad”, señaló.

Pantallas, comparación constante y vacío emocional

La especialista advierte que las redes sociales potencian la comparación y la frustración:

“Pareciera que la vida de los demás siempre es mejor. Eso genera angustia, ansiedad y trastornos de la alimentación, sobre todo en adolescentes que pasan horas frente a contenidos irreales”.

El fenómeno del FOMO (fear of missing out) y los ideales corporales inalcanzables contribuyen a la baja autoestima y a la pérdida de motivación.

Estrategias para un uso consciente de la tecnología

Gutiérrez Eguía propone tres ejes de acción:

  1. Ser ejemplo: “No se puede pedir a los adolescentes que reduzcan pantallas si los adultos no lo hacen”.
  2. Diálogo constante: hablar desde la empatía y sin juicios para que los chicos puedan autorregularse.
  3. Acuerdos familiares y comunitarios: definir horarios, espacios sin pantallas y actividades alternativas.

Entre las recomendaciones concretas están:

  • Desactivar notificaciones.
  • Evitar el uso nocturno y nunca cargar el celular en la habitación.
  • Dejar el dispositivo en otra habitación en tiempos de descanso.
  • Reemplazar pantallas por actividades físicas, artísticas o sociales reales.

Un problema de salud pública en crecimiento

La autora sostiene que Argentina es el quinto país del mundo con mayor tiempo frente a pantallas, y que la situación es tan grave como cualquier otra adicción.

Encuestas posteriores a la publicación de su libro mostraron que el 97% de los adolescentes consultados reconocieron que la información les sirvió para mejorar su relación con la tecnología, aunque muchos admitieron necesitar ayuda adulta para lograr cambios.

“El gran desafío es informarnos y hablar con ellos. Nadie puede protegerse de lo que no conoce. Hoy las nuevas drogas entran por los ojos”, concluyó Gutiérrez Eguía.

Fuente: Grupo Es Noticia

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